Donde se loa la firmeza de Bretonia, la desgracia de Archaon y el gran banquete de los corceles hambrientos.
Estrofa I: De cómo la codicia se tornó en templanza
¡Oíd, nobles señores, el cantar de la llanura,
donde el oro del zafiro no quebró la fe pura!
Contuvieron los bretonianos su ansia de riqueza,
para dar a los malvados una lección de entereza.
Ciega de orgullo marchaba la horda del “Cochino Verde”,
junto al infame Archaon, que hoy su corona pierde.
Cometieron el yerro de embestir el convoy de frente,
topando contra el muro de un acero reluciente.

Estrofa II: Del desastre del Caos y las ballestas de retaguardia
Adelantóse Bretonia con maniobra magistral,
frenando a los jinetes y a la masa brutal.
¡De nada sirvieron las armaduras de negro metal,
cuando las grandes ballestas abrieron su fuego campal!
Los proyectiles gigantes, con precisión de cirujano,
ensartaban de cuatro en cuatro al guerrero pagano.
Y para mayor comedia de los dioses del lugar,
el Cañón del Caos comenzó a estallar:
en vez de abatir caballeros con su fuego de averno,
voló por los aires, matando a su artillero enano de un cuerno.
Estrofa III: Del carísimo festín de los caballos de Ulthuan
Poco a poco la infamia fue reducida a ceniza,
mientras en el campamento elfo corría la brisa.
Llegó al fin la caravana, intacta y soberana,
salvando los zafiros y la comida templana.
¡Y por fin los famélicos caballos de alta cuna
pudieron lamer los platos sin dejarse hierba alguna!
Devoraron la alfalfa con relinchos de placer,
aquella hierba sagrada que tanto costó traer.
Pues ya dicen las crónicas, entre risas y aguardiente,
que fue la alfalfa más cara de todo el Occidente.


