Clasificación: Informe de Campaña Astartes / Cruzada de Armageddon
Fuerzas Imperiales: Adeptus Astartes – Capítulo de los Templarios Negros
Fuerzas Enemigas: Xenos – Clasificación: Ork (Marea Verde)


Prima Hora: Escaneo de Fe y la Respuesta del Dakka

La vanguardia de la Cruzada inició el despliegue bajo las órdenes directas de los oficiales del Capítulo. La prioridad absoluta era localizar los vestigios profanados de la capilla sepultada. Mediante la activación de los sensores tácticos de corto alcance, los Hermanos de Armas comenzaron escaneando dos objetivos principales, filtrando las interferencias de azufre del archipiélago. La persistencia dio su fruto en los sectores asignados: en una de las posiciones se localizó con éxito el alijo de las reliquias sagradas, confirmando la blasfemia de los xenos.

Sin embargo, los pieles verdes respondieron de inmediato con la brutalidad que los caracteriza. Coordinando sus cañones pesados desde las empalizadas de chatarra, concentraron un volumen de fuego masivo sobre la línea de blindados imperiales. La andanada de energía y proyectiles rústicos superó las pantallas defensivas, y los Orkos consiguieron destruir un tanque Repulsor Executioner, transformando la imponente máquina de guerra en un cráter de metal fundido sobre la arena de basalto negro.

Sexta Hora: El Azote de las Sombras y el Rugido del ¡Waaagh!

La disciplina de los Hijos de Dorn se impuso al cambiar las condiciones ambientales. Una densa y asfixiante nube volcánica descendió sobre las playas de la isla, bloqueando la visibilidad general. Aprovechando la neblina de escoria, los Templarios Negros cogieron completamente desprevenidos a los Orkos. Las escuadras de asalto se lanzaron en cuerpo a cuerpo con las espadas sierra y las hachas de energía en alto. La carnicería fue sistemática, implacable y absoluta: los cruzados eliminaron a más de medio ejército enemigo en combate cerrado, tiñendo las rocas de lava con la sangre negra de los xenos. [1]

Aislados y diezmados, los Orkos sobrevivientes intentaron recomponerse de la única forma que conocen. Alentados por sus líderes supervivientes, los pieles verdes declararon el ¡Waaagh! general. La llamada psíquica infundió un frenesí asesino en los supervivientes que, ignorando sus bajas, contraatacaron con armas pesadas. Su contraofensiva se cobró un precio muy alto para el Imperio: concentrando todo el armamento pesado restante, consiguieron derribar y matar a otro Repulsor Executioner, cobrándose la segunda pieza de blindaje pesado de la vanguardia.

Hora Nona: Avance Inflexible y el Sacrificio de los Héroes

A pesar de las pérdidas de los blindados, la infantería de la Cruzada no flaqueó. Los Templarios Negros continuaron con un avance imparable por las laderas del volcán, purgando trinchera por trinchera y eliminando de forma constante a las unidades orkas que intentaban mantener el terreno. La presión del Imperio obligó a los xenos a fortificarse en el último reducto de piedra de la cumbre.

Fue en esta fosa donde el combate alcanzó su punto más trágico y encarnizado. Los Orkos, atrapados entre el magma y el acero imperial, se aferraron a su brutal concepto del honor y desataron una tormenta de disparos defensivos a quemarropa. En ese intercambio de fuego desesperado, la desgracia cayó sobre la línea de mando imperial: los xenos consiguieron eliminar al Paladín del Emperador, al mismísimo Capellán Grimaldus y a varias miniaturas de las escuadras de cruzados y hermanos de armas. El suelo de Volcanus se tiñó con la noble sangre de los héroes de la fe, caídos en el cumplimiento del deber sagrado.

Prima Vigilia: Absolución por el Acero y Extracción del Botín

La muerte de los líderes espirituales no detuvo la espada del Imperio; la transformó en un instrumento de venganza pura. Los Templarios Negros que aún quedaban con vida, ahora bajo el mando directo y furioso del Alto Mariscal Helbrecht, ejecutaron el asalto final. El Hacha del Alto Mariscal y las espadas de los supervivientes cayeron sobre las últimas defensas, terminando por aniquilar hasta el último de los Orkos que quedaban en el volcán.

Con la zona completamente pacificada, los cruzados procedieron a asegurar el perímetro, escaneando todos los objetivos posibles y llevándose el botín del alijo encontrado para su posterior purificación y regreso a los templos de la Cruzada. El veredicto de la Primera Legión se ejecutó sin fisuras en el Archipiélago Volcanus: en esta ocasión no quedó ningún orko con vida.


“¡SIN PIEDAD! ¡SIN REMORDIMIENTOS! ¡SIN MIEDO!”


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