La deshonrosa retirada de los Hijos del Emperador por las profundidades de la Grieta de Mannheim se cortó en seco cuando el desfiladero entero comenzó a crujir bajo un peso apocalíptico. De entre las nubes de azufre emergió una fuerza de asalto de los Orkos, coronada por una imponente y grotesca mole de metal: un gigantesco Pisoteador (Stompa). La descomunal máquina avanzó destrozando las paredes de roca a su paso, abriéndose camino a golpes de motor hasta posicionarse firmemente en la zona central más alta del desfiladero, dominando por completo el campo de batalla. Desde ese altar de chatarra, el Pisoteador fijó sus rústicos visores en la unidad de Marines Ruidosos liderada por un psíquico del Caos; sus cañones principales rugieron en una salva ensordecedora, volatilizándola por completo en una bola de fuego purpúreo. Tras el impacto inicial, el resto de la horda orka estalló en un frenesí desorganizado, corriendo por la zona de batalla como pollos sin cabeza, disparando al aire en busca de sangre.
Buscando frenar el avance piel verde, el Defiler (Profanador del Caos) traidor se lanzó con todo en una carga suicida para matar al Morkanauta enemigo. Sus pinzas trituradoras impactaron contra el titán orko, pero se toparon de frente con su gruesa y absurda armadura de chatarra; aunque el Morkanauta logró sobrevivir, el impacto lo dejó severamente dañado y echando humo negro por sus juntas operativas. Mientras tanto, el Pisoteador continuó a lo suyo, barriendo implacablemente con sus ametralladoras y cañones todo lo que se cruzaba en su línea de visión. En una lluvia de metralla, el coloso barrió a toda la unidad de guardaespaldas de Lucius el Eterno, aunque no consiguió abatir al infame campeón debido a que este corría más rápido por la mesa de lo que las torretas orkas podían girar. Acto seguido, una ráfaga afortunada impactó de lleno en uno de los dos Rhinos de los Hijos del Emperador, haciéndolo estallar en pedazos. El resto del caótico fuego de los Orkos no causó más estragos en las líneas traidoras; de hecho, debido a su habitual puntería, algunas ráfagas erráticas acabaron matando a miembros de sus propias unidades.
El Rugido del ¡Waaagh! y la Tormenta de Piedra
La violencia del combate y el eco de los cañonazos del Pisoteador desestabilizaron el terreno de la grieta. Grandes bloques de piedra y rocas colosales comenzaron a desprenderse de los desfiladeros superiores, cayendo como proyectiles naturales que aplastaron y dejaron enterrados a varios Orkos bajo toneladas de escombros. Lejos de amedrentarse por el derrumbe, los pieles verdes declararon el ¡Waaagh! oficial, unificando sus mentes en un Frenesí asesino. Los Hijos del Emperador respondieron con una disciplina cruel, masacrando a las unidades de infantería orka que se les echaban encima en cuerpo a cuerpo; sin embargo, su esfuerzo era inútil: por cada unidad alienígena que conseguían exterminar, de las sombras de Mannheim surgían más y más hordas interminables.

La disformidad se rasgó de pronto sobre el desfiladero y un majestuoso Príncipe Demonio cayó del cielo para incorporarse a la refriega. Blandiendo su espada maldita, la entidad infernal barrió en un parpadeo a un Bigboss Orko y a toda su unidad, sembrando el pánico temporal entre las filas pieles verdes. En el centro de la cuenca, el Pisoteador ya se había quedado completamente solo en una posición dominante, sin rivales directos a su altura. Con una fría crueldad mecánica, giró sus armas y eliminó definitivamente a Lucius el Eterno, borrando del mapa al mismo tiempo a la última unidad de Marines Ruidosos junto a su líder hechicero.

En el último reducto de la fosa, el dañado Morkanauta se enzarzó en un brutal duelo a puñetazos contra el Príncipe Demonio, intercambiando golpes colosales sin que ninguno lograra abatir al otro. A su alrededor, mientras quedaban ya muy pocas unidades operativas de los Mil Hijos (sus aliados teóricos en la sombra), la marea verde continuaba avanzando imparable sobre los escombros. Finalmente, la resistencia de la Tercera Legión se desmoronó por completo: no quedaron Hijos del Emperador con vida en el desfiladero. El Pisoteador había sido una fuerza de destrucción demasiado devastadora para ellos, reclamando el centro de la Grieta de Mannheim bajo un manto de humo y chatarra victoriosa.


