El suelo de la Grieta de Mannheim empezó a temblar con una violencia que ya no era culpa del dakka orko, sino de la física misma pidiendo clemencia. Un desgarro de color morado neón se abrió en mitad del aire estático del cañón y, con un estrépito metálico que hizo eco en cinco kilómetros a la redonda, un colosal Caballero del Caos de clase Desecrator cayó de espaldas, aplastando un búnker imperial abandonado y quedando encajado como un escarabajo boca arriba entre dos laderas de roca. Sus enormes cañones disformes apuntaban inútilmente al cielo mientras las piernas mecánicas pataleaban en el aire buscando tracción.

Dentro de la claustrofóbica cabina, el Piloto Noble, conectado mentalmente al Trono del Pacto, le propinó un puñetazo al panel de control principal, que soltaba chispas con entusiasmo.

—¡Te dije que era la tercera grieta a la izquierda después del portal de disformidad, estúpido espíritu de la máquina! —rugió el piloto por los comunicadores internos, con la voz distorsionada por los filtros demoníacos—. ¡Nos hemos saltado el frente de batalla por tres sistemas solares!

El motor de la gigantesca máquina de guerra rugió con indignación disforme, proyectando un holograma tembloroso del mapa táctico que parpadeaba con el mensaje “Recalculando ruta maldita”. El Caballero del Caos intentó incorporarse usando su colosal espada sierra de asalto, pero el espacio de la grieta era tan absurdamente estrecho para sus doce metros de altura que terminó derribando un saliente rocoso, sepultando por completo los generadores de escudo de los Hijos del Emperador que estaban justo debajo.

Abajo, en el fondo del desfiladero, el sargento de los Ángeles Sangrientos detuvo su espada sierra en el aire, el Campeón Xantine interrumpió su monólogo poético sobre el dolor, y Ghazghkull Thraka apagó su altavoz biónico por primera vez en toda la tarde. Todos los bandos se quedaron mirando fijamente a la imponente mole de metal con pinchos que acababa de arruinar la coreografía de la batalla, tratando de descifrar si aquello era un ataque estratégico orquestado por los Dioses Oscuros o, simplemente, el accidente de tráfico más grande y ruidoso del milenio.

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