Incursión de Ghazghkull Thraka
Ghazghkull Thraka hace una pequeña exploración con sus Orks por La Grieta de Mannheim
Ghazghkull Mag Uruk Thraka, el Profeta del ¡Waaagh!, avanzaba a grandes zancadas por los rocosos desfiladeros de la Grieta de Mannheim en Armageddon Su imponente armadura mega-vulnerable traqueteaba ruidosamente, mientras a su lado, el pequeño e indestructible Makari intent
aba que el gigantesco estandarte no se enganchara con los matorrales. Detrás marchaba un grupo de desorganizados Boyz, mirando a todos lados con genuina decepción por la falta de explosiones en el paisaje.
aba que el gigantesco estandarte no se enganchara con los matorrales. Detrás marchaba un grupo de desorganizados Boyz, mirando a todos lados con genuina decepción por la falta de explosiones en el paisaje.—¡Ezto ez una “ezplorazión taktika”! —bramó Ghazghkull a través de su altavoz biónico, señalando el horizonte con su colosal Garra de Gorko.
—Jefe, ¿”ezplorazión” zignifica ke no podemos machacar a nadie todavía? —preguntó un Nobz rascándose la cabeza.
—¡Zignifica ke buscamos humiez para machacarlos mejor, pedazo de khorno! —rugió el Kaudillo.
—Jefe, ¿”ezplorazión” zignifica ke no podemos machacar a nadie todavía? —preguntó un Nobz rascándose la cabeza.
—¡Zignifica ke buscamos humiez para machacarlos mejor, pedazo de khorno! —rugió el Kaudillo.
De repente, una extraña anomalía de energía disforme provocó un destello entre las rocas de la grieta. Makari, guiñando un ojo, apuntó al vacío con su pequeño dedo.
—¡Mirad, el Profeta ha traído fueguitos de kolores! —gritaron los Boyz, asumiendo instantáneamente que era una señal divina.
Ghazghkull miró el fenómeno, ajustó su ojo biónico y concluyó con la profunda sabiduría que le otorgaban los dioses Gorko y Morko:
—Morko dize ke ezto ez un atajo… o un retrete ruidozo. ¡Zacad las pipas y disparad al aire por zi acazo!
—¡Mirad, el Profeta ha traído fueguitos de kolores! —gritaron los Boyz, asumiendo instantáneamente que era una señal divina.
Ghazghkull miró el fenómeno, ajustó su ojo biónico y concluyó con la profunda sabiduría que le otorgaban los dioses Gorko y Morko:
—Morko dize ke ezto ez un atajo… o un retrete ruidozo. ¡Zacad las pipas y disparad al aire por zi acazo!
La “silenciosa misión de reconocimiento” se convirtió en un festival de ensordecedor dakka gratuito que resonó por toda la cuenca de Mannheim, espantando a cualquier patrulla imperial en cinco kilómetros a la redonda y arruinando por completo el factor sorpresa.
